Creamos marcas atractivas y coherentes, pensadas para funcionar en digital y en el mundo real. Identidad, manual, aplicaciones y piezas gráficas que conectan y mantienen cohesión entre ellas.
Con Manuel construimos marcas con reglas claras: logo, tipografías, colores y un universo coherente. El manual queda listo para web, redes y rotulación. Si existe marca, la actualizamos sin romper lo esencial.
El logo es una pieza; el branding es el sistema completo que hace que tu marca se reconozca y se entienda siempre.
Identidad visual (logo y variantes, color, tipografías, composiciones).
Estilo gráfico (patrones, recursos, jerarquía, tono visual).
Aplicación real (web, redes, papelería, rotulación, espacios, piezas de venta).
Reglas para que todo sea consistente, aunque lo ejecute otra persona (manual).
Sí. Siempre.
Usos correctos e incorrectos.
Versiones del logo y fondos.
Colores (RGB/CMYK y equivalencias cuando aplica).
Tipografías, tamaños mínimos, márgenes y composición.
Recursos de marca: patrones, formas, iconografía, estilo fotográfico.
Sí. Y aquí solemos ser muy prácticos: conservamos lo que funciona y ajustamos lo que está frenando a la marca.
Modernización visual sin perder reconocimiento.
Adaptación a entornos digitales y producción física.
Orden en sistemas que han crecido “a base de piezas sueltas”.
Rediseño total si el salto de posicionamiento lo exige.
Entregamos un paquete para que puedas trabajar con cualquier imprenta, proveedor o equipo interno sin problema.
Logotipo en vector y en formatos de uso diario (para web, redes, impresión).
Versiones: horizontal/vertical, positivo/negativo, monocromo, fondos.
Recursos de marca: patrones, elementos gráficos, fondos digitales.
Manual de marca y, cuando aplica, archivos listos para producción física (rotulación, vinilos, etc.).
Depende del alcance y de cuánto haya que aplicar la marca en piezas y entornos reales.
Branding esencial (identidad + manual): normalmente 2–4 semanas.
Branding completo (con aplicaciones y piezas): 4–8 semanas.
Branding + experiencia visual (espacios físicos / producción): puede ir a 8+ semanas, porque entran iteraciones, pruebas y coordinación.
Porque no diseñamos “para que quede bonito”: diseñamos para tu negocio, tus clientes y tus limitaciones reales.
Partimos de una inmersión: qué vendes, a quién, qué problema resuelves y por qué te eligen.
Revisamos competencia y referencias para no repetir lo mismo que ya hay en tu sector.
Probamos la marca en escenarios reales desde el principio: web, redes, rótulo, carta, dossier, packaging… según tu caso.
Cuidamos detalles que marcan diferencia: proporciones, jerarquía, tono visual, recursos propios (no plantillas).
Sí. De hecho, la marca la planteamos para que sea coherente en digital y en físico desde el minuto uno.
Plantillas y recursos para redes (si lo necesitas).
Aplicación a web y materiales de venta.
Piezas de comunicación: presskit, catálogos, flyers, motions.
Sí. Son dos de los entornos donde más se nota cuando una marca está bien pensada.
Hostelería: la marca vive en carta, fachada, interiores, uniformes, fotos, redes y reseñas.
Industria: manda la claridad, la confianza y la consistencia en documentación, rotulación, catálogos y presencia corporativa.
Tenemos un amplio recorrido en diseño para estos sectores y también a campañas vinculadas a turismo y pymes.
Incluye (branding completo):
Manuales de identidad.
Merchandising personalizado.
Aplicación visual en espacios físicos y digitales.
Renders y simulaciones 3D.
Suele ser extra (según proyecto):
Web completa, e-commerce.
Campañas (mailing / redes sociales), contenidos recurrentes.
Fotografía y vídeo corporativo.
Presskit y catálogos.
Flyers y motions.
Producción de elementos físicos para marca y espacios (rótulos, gran formato, tematización, mobiliario comercial, letras corpóreas, estructuras composite, neones personalizados…).
Merece la pena cuando la marca está frenando ventas, confianza o crecimiento.
Señales claras de que sí:
La marca no funciona bien en digital (se ve antigua, confusa, poco legible).
Has cambiado oferta, público o posicionamiento.
La marca te encarece producción (colores imposibles, formas difíciles, mala adaptación).
Hay incoherencia: cada pieza parece de una empresa distinta.
Quieres entrar en nuevos mercados o subir tu valor y la marca no acompaña.
No suele compensar si:
El problema real es estrategia comercial, producto o servicio (y la marca “solo” está aburrida).
No hay intención de implementar el cambio (solo cambiar el logo y ya).
No hay presupuesto para el despliegue mínimo (web, piezas, rotulación básica).
Una pista rápida: si el logo mantiene legibilidad en pequeño y en monocromo, suele estar bien. Lo que falla muchas veces es el uso.
Logo con problemas (de base):
Pierde legibilidad en tamaños pequeños.
No funciona en un color.
Tiene demasiados detalles o proporciones raras para rotulación.
No encaja con el posicionamiento actual.
Logo correcto pero mal aplicado:
Colores cambiados, tipografías distintas, márgenes al azar.
Versiones inventadas (sombras, contornos, efectos).
Usos incoherentes según pieza o proveedor.
Aquí el manual y un sistema de versiones solucionan el 80% de los “se ve mal”.
Un manual útil es el que evita dudas a la primera.
Versiones del logo y cuándo usar cada una.
Márgenes, tamaños mínimos y ejemplos de composición.
Colores con códigos y equivalencias.
Tipografías y jerarquías (titulares, textos, CTA).
Recursos de marca (patrones, iconos, formas, estilo fotográfico).
Plantillas o ejemplos reales (dossier, redes, señalética) si el proyecto lo requiere.
No hay una receta única, pero sí reglas que evitan errores.
Legibilidad y contraste mandan: van a vivir en naves, placas, catálogos y ropa de trabajo.
Paletas cortas: 1–2 colores principales + neutros. El exceso de colores complica producción.
En tipografías, suelen funcionar familias sans serif limpias y robustas para transmitir precisión y fiabilidad.
Si la industria tiene un punto innovador (Industria 4.0), se puede introducir un acento más tecnológico sin perder claridad.
Lo elegimos en función de posicionamiento: tradicional, premium, técnico, cercano, disruptivo.
Aquí lo que funciona es arquitectura y sistema.
Marca paraguas + líneas/servicios diferenciados por un criterio claro (color, naming, iconos, códigos).
Plantillas y retículas comunes: misma jerarquía, misma tipografía, mismos estilos.
Biblioteca de recursos (patrones, fondos, iconos) para que todo hable el mismo idioma.
Manual con ejemplos de casos reales (etiquetas, fichas, presentaciones, etc.).
Lo ideal es este orden:
Naming
Branding / imagen corporativa
Web
Marketing digital y contenido
Así la web y las redes nacen con base sólida y no a base de improvisar.
Diseñando con las limitaciones en mente desde el principio.
Versiones pensadas para pantalla y para producción (vinilo, rótulo, impresión, corte).
Grosores mínimos y simplificación controlada para que no se pierda en fabricación.
Colores que se puedan reproducir bien (y equivalencias cuando haga falta).
Renders para validar antes de producir.
La identidad visual es el sistema que gobierna toda la marca. El estilo de Instagram es una forma de vestir ese sistema en un canal concreto.
Identidad: logo, tipografías, colores, composición, recursos, tono visual.
Instagram: ritmo, plantillas, encuadres, formato, tendencias. Eso cambia más rápido.
Si el “estilo” no tiene identidad detrás, dura dos meses y luego se rompe.
Una marca bien construida se rentabiliza en cosas muy concretas:
Más confianza → más contactos y mejores conversiones.
Más claridad → menos fricción al vender (te entienden rápido).
Más coherencia → menos tiempo perdido en revisiones y “cada pieza distinta”.
Más valor percibido → más margen para subir ticket sin justificarte tanto.
Menos errores de producción → menos costes en imprenta/rotulación/piezas.
Y si la marca además está pensada para aplicarse en espacios físicos y materiales de venta, el impacto se nota todavía más.