Mi web no vende: por qué tienes visitas pero no clientes
Por Uriel Romero · responsable del área de desarrollo web
Entra gente en tu web todos los meses y no se traduce en nada: ni llamadas, ni formularios, ni presupuestos. El problema casi nunca es el que parece. Repasamos dónde se cae de verdad la venta y qué se arregla primero.
Tener visitas y no tener clientes es un problema distinto a no aparecer en Google, y por eso se arregla de otra forma. Entre la persona que entra en tu web y la que te escribe hay varios pasos, y en alguno se está cayendo casi todo el mundo: un mensaje que habla de ti y no de tu cliente, una llamada a la acción que no existe, un formulario que pide demasiado o un tráfico que nunca iba a comprarte. Te contamos cómo distinguir cuál es tu caso y por dónde empezar.
Tienes web. Se ve bien, la hiciste hace un par de años y entra gente: lo dicen las estadísticas, hay visitas todos los meses. Y sin embargo el teléfono no suena por ahí, los presupuestos no llegan y el formulario de contacto lleva semanas parado. La sensación es incómoda, porque no puedes decir que la web no funcione. Funciona. Simplemente no vende.
Es una de las consultas que más nos llegan, y casi nunca tiene que ver con lo que el dueño del negocio sospecha. No suele ser cuestión de que falte tráfico, ni de que la web sea fea. Es que entre la persona que entra y la persona que te escribe hay una escalera de varios peldaños, y en alguno de ellos se está cayendo casi todo el mundo. Aquí repasamos en qué peldaño se cae normalmente, por orden de frecuencia, y qué se hace en cada caso.
Antes de tocar nada: ¿te falta tráfico o te falta conversión?
Son dos problemas distintos y se arreglan con trabajos distintos, así que merece la pena separarlos antes de gastar un euro. La cuenta es sencilla: visitas por tasa de conversión igual a contactos.
En una web de servicios que está razonablemente bien resuelta, entre un 1% y un 3% de las visitas acaban en un contacto (un formulario, una llamada, un WhatsApp). No es una ley física, pero sirve para situarse. Con 200 visitas al mes, lo esperable es que lleguen entre dos y seis contactos. Con 1.000 visitas, entre diez y treinta.
Ahora mira tus números. Si tienes 500 visitas al mes y cero contactos, no te falta tráfico: te falta conversión, y todo lo que cuenta este artículo va para ti. Si tienes 30 visitas al mes y cero contactos, tu web puede estar perfecta y aun así no vender, porque sencillamente no la ve casi nadie. Ese es otro problema, y lo tratamos en por qué tu web no aparece en Google.
Un aviso: la cifra de visitas hay que mirarla con cabeza. Descuenta tus propias entradas, las de tu equipo y el tráfico de robots. Es muy habitual descubrir que las «300 visitas» reales eran 90.
Tu web habla de ti y tu cliente quiere que le hables de él
Esta es, con diferencia, la causa número uno. Alguien entra en tu web, lee la primera pantalla y no termina de entender qué haces exactamente, si eso le sirve a él y en qué se diferencia de los otros cuatro presupuestos que está pidiendo. Como no lo entiende en unos segundos, se va. No es que le hayas caído mal: es que no le has dado motivos para quedarse.
El síntoma clásico es una portada que empieza con «somos una empresa joven y dinámica con amplia experiencia en el sector». Eso no dice nada, lo firma cualquiera y no responde a ninguna de las tres preguntas que trae el visitante en la cabeza: qué hacéis, es esto para mí y qué hago ahora.
La prueba más útil que puedes hacer hoy mismo: enseña la portada de tu web a alguien de fuera de tu sector durante cinco segundos, tápala y pregúntale a qué se dedica esa empresa y para quién trabaja. Si no sabe contestarte, ya tienes el primer arreglo, y no es de programación: es de mensaje. Cuando el problema va más allá de la web y afecta a cómo te presentas en todas partes, entramos en el terreno de la construcción de marca, que es justo lo que ordena ese discurso.
No queda claro qué quieres que haga el visitante
Mucha web bien diseñada se queda a medio camino porque nunca le pide nada a quien la visita. Cuenta lo que hace la empresa, enseña los servicios, tiene un apartado de contacto en el menú y ahí se acaba. El visitante llega al final de la página, no ve un siguiente paso evidente y cierra la pestaña.
Un enlace de «Contacto» en el menú no es una llamada a la acción, es una dirección. Una llamada a la acción es un botón visible que dice exactamente qué va a pasar y qué compromiso implica: pide presupuesto sin compromiso, cuéntanos tu proyecto, reserva una llamada de 20 minutos. Cuanto más concreto y menos comprometido suene, más gente lo pulsa.
Tres reglas que funcionan casi siempre. La primera: una sola acción principal por página, repetida varias veces si la página es larga, en lugar de cinco botones distintos compitiendo entre ellos. La segunda: que haya un botón antes de que el visitante tenga que bajar con el dedo, sobre todo en el móvil. Y la tercera: pon el teléfono a la vista y clicable, porque una parte importante de tus clientes prefiere llamar y ahora mismo no encuentra el número.
Todavía no se fían de ti (y no te lo van a decir)
Comprar un servicio por internet a una empresa que no conoces da vértigo, y más si hay un presupuesto de por medio. Quien entra en tu web está calculando, sin darse cuenta, un riesgo: si esta gente no cumple, cuánto pierdo. Tu trabajo es bajarle ese riesgo antes de pedirle nada.
Lo que más lo baja no son adjetivos, son pruebas. Casos reales con nombre del cliente, foto del trabajo terminado y una línea de qué problema se resolvió. Reseñas verificables. Logos de empresas con las que trabajas. Las caras y los nombres del equipo, que convierten «una empresa» en personas concretas. Y datos que se pueden comprobar: dirección física, teléfono, CIF, años trabajando.
También suma mucho la transparencia incómoda. Explicar cómo trabajas paso a paso, decir a quién no te diriges, dar rangos de precio o los factores que mueven el presupuesto. Hablar de dinero abiertamente asusta a quien nunca te iba a contratar y tranquiliza a quien sí. Nosotros lo hacemos, por ejemplo, en cuánto cuesta una página web.
Pides demasiado antes de haber dado nada
Llega el momento de la verdad, el visitante decide escribirte, pulsa el botón y se encuentra un formulario con nombre, apellidos, empresa, CIF, teléfono, móvil, ciudad, provincia, presupuesto estimado, cómo nos conociste y un desplegable de doce opciones. Se lo piensa, calcula el rato que le va a costar y lo deja para luego. Luego no existe.
Cada campo que añades a un formulario te quita respuestas. Pide lo mínimo imprescindible para poder devolver la llamada: nombre, una forma de contacto y qué necesita. El resto lo preguntas tú después, cuando ya estáis hablando y la conversación ya vale algo para los dos.
Y hay una fricción más, que no está en la web pero se nota igual: cuánto tardas en contestar. Quien te escribe está pidiendo tres o cuatro presupuestos la misma tarde. Responder en unas horas y responder a los tres días son dos negocios distintos, aunque la web sea la misma. Si algo te va a dar un retorno inmediato, es esto, y no cuesta dinero.
La web tarda en cargar o se ve regular en el móvil
Hoy la mayoría de la gente entra en tu web desde el móvil, muchas veces con mala cobertura y con prisa. Si la página tarda en aparecer, se vuelven atrás y prueban con el siguiente resultado de Google. No hay drama ni segunda oportunidad: simplemente no llegan a leer nada de lo que has escrito.
Los sospechosos habituales son casi siempre los mismos: imágenes enormes subidas tal cual salieron de la cámara, un montón de plugins acumulados con los años, plantillas cargadas de efectos que nadie mira y alojamientos baratos que se quedan cortos. Se arregla, y normalmente sin rehacer la web entera.
Después está el «se ve bien en el móvil», que muchas veces significa solo que cabe en la pantalla. No es lo mismo. Comprueba en tu propio teléfono si el texto se lee sin ampliar, si los botones se pulsan con el pulgar a la primera, si el menú se abre bien y si el formulario se puede rellenar sin pelearse con el teclado. Cuando una web arrastra demasiados problemas de estos a la vez, suele salir más a cuenta rehacerla que ir parcheándola, y de eso hablamos en diseño web corporativo.
A lo mejor el problema no es tu web, sino quién entra en ella
Queda una posibilidad que casi nadie contempla y que explica muchos casos: la web está bien, el mensaje está bien y el formulario está bien, pero la gente que llega nunca iba a comprarte. Puedes tener mil visitas al mes y que ninguna sea un cliente.
Pasa cuando posicionas por búsquedas informativas que no llevan a ninguna compra, cuando el contenido atrae a estudiantes o a curiosos en vez de a empresas, cuando te llega tráfico de provincias donde no trabajas, o cuando pagas anuncios mal segmentados. También pasa cuando quien busca quiere hacerlo por su cuenta y tú vendes el servicio hecho: son dos personas distintas escribiendo casi lo mismo en Google.
La forma de verlo es mirar en Search Console qué búsquedas te traen gente de verdad, no cuántas visitas tienes. Si quien entra busca «cómo hacer X gratis» y tú vendes X hecho por profesionales, el desajuste está ahí y no en el color del botón. La solución pasa por trabajar contenido y páginas orientadas a búsquedas con intención de contratar, que es una parte central de lo que hacemos en posicionamiento SEO.
Por dónde empezar si tu web no vende
No hace falta rehacerlo todo a la vez, y además sería un error: si cambias diez cosas el mismo día no sabrás cuál era la que fallaba. El orden que nos funciona es de menos a más esfuerzo, dejando lo caro para el final.
Empieza por lo que puedes hacer esta semana: recorta el formulario a tres campos, pon el teléfono visible y clicable en el móvil, añade un botón claro en la primera pantalla y comprométete a contestar en el día. Después reescribe la portada para que en cinco segundos se entienda qué haces y para quién, y añade dos o tres casos reales con nombre y resultado. Solo entonces mira la velocidad, y solo si con todo lo anterior sigue sin moverse la aguja, plantéate rehacer la web.
Ah, y mide antes de empezar. Apunta las visitas y los contactos del último mes en un papel. Sin ese punto de partida no vas a saber si lo que has cambiado ha servido de algo, y acabarás decidiendo por intuición.
Si prefieres que lo miremos nosotros, escríbenos: le echamos un vistazo a tu web y te decimos sin rodeos en qué peldaño se te está cayendo la gente y qué tocaríamos primero. Y si al final la conclusión es que toca rehacerla, nos dedicamos precisamente a eso: diseño y desarrollo web pensado desde el principio para convertir visitas en clientes, no solo para quedar bonito.
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